Bola Sin Manija

Fundamentalistas de la verdad alternativa

[Panamericanos] De movida por Guadalaperra

A la hora de las salidas, Guadalajara se vuelve Guadalaperra a full. Mucha jarana para dejar en claro que hay movida de sobra. Ofertas para todos los gustos y hasta de alta gama. Para el que no quiere estar entre cuatro paredes y darle al punchi punchi, o bien se puede ir a los bares del centro histórico o patear las ocho cuadras de avenida Chapultepec, en donde está emplazado el fan fest y se puede tomar cerveza caminando, gracias a un permiso especial del gobierno, mientras desde los stands de los países hay música y espectáculos.

Ahora, si la idea es meterse en un antro (boliche), la fácil es encarar al cruce de Chapultepec con Vallarta (la columna vertebral de GDL), al boliche Fiesta Americana en el que se entra gratis con la acreditación. Voluntarios, periodistas y sobre todo deportistas (hasta algunos que aún no han competido) llegan de la mano de los simpáticos Eduardo Saracho y Alejandra Anaya (hipereficientes en el scouting de talentos) y suben la escalera hasta la planta alta para disfrutar de la barra libre. Hay tanta movida que la noche que se colgó el oro, el chino Liu Song parlanteó un par de horas al ritmo del reggaeton.

Si se quiere evadir la vida panamericana, hay posibilidades de sobra. Para los que quieren emociones fuertes, aquí les va la rola: Pare de sufrir, un cubo de mínimas dimensiones en donde entre la música al taco y el mezcal es imposible quedarse quieto.

Si la selección es de alto handicap, hay que correrse a la Colonia Seattle, al megafamoso club Vangó, con 23 años y contando de ser el lugar top de GDL. Ya la entrada asusta, porque no dejan pasar a minones que la rompen y a pibes con trajes de mil dólares. Para lograr el ingreso no sólo hay que tener plata sino onda de más. Y adentro se ve por qué. Decorado con reproducciones del gran Vincent ad hoc y un paredón con girasoles en relieve, esperan tres pistas con música que pasa de David Guetta a Soda Stereo y mesas en las que la bebida (se vende en botella) llega como en cinta transportadora gracias a los eficientes mozos. Allí es imposible no pasarla bien y olvidarse, por un rato, que afuera hay un continente peleando por medallas. Acá hay premios que brillan más y se mueven como para olvidarse de la libreta roja y del sexto mandamiento (y del noveno, y del décimo, y del que sea si el mozo trae otra botella)…

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Esta entrada fue publicada el 24 de octubre de 2011 por en Juegos Panamericanos.

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